A lo largo de la historia el entendimiento humano ha lidiado con una exterioridad en gran parte ajena a él que ha motivado la separación entre sujeto y objeto de conocimiento. La época ilustrada, desde la que se creía que con el estudio severo del objeto de conocimiento desde una subjetividad aislada se llegaría al entendimiento de la totalidad de la realidad, ha traído consigo un gran auge de las ciencias empíricas y experimentales, convertidas en el último gran espolón hacia la comprensión del afuera que nos pertoca. Esa actitud ha llevado al uso abusivo de lo que algunos han nombrado razón instrumental. Ésta, se dedica al análisis violento del objeto entendido como aquello que se ha de dominar y utilizar en provecho propio; esa es la fuerza que mueve a la razón instrumental, una fuerza de dominio.
Después de la Segunda Guerra Mundial se hizo patente lo cruel de exprimir esa actitud ante la otrariedad. Esa razón se empeño en conseguir decretar que era el hombre, y con ello llevó a cabo todos los experimentos posibles con aquella capa social que no se tenía como digna del apelativo humano. Pero aún y vistos los resultado de tal proceso, la razón instrumental no ha dejado por ello de expandirse y utilizarse. Sin tener en cuenta el marco científico (dónde parece ser la única vía de investigación que los científicos han conseguido aportar), la mirada de esa razón, se ha vuelto hacia el análisis de los mercados; intentando con ello pronosticar y asegurar las máximas ganancias en relación a una inversión previa. Ese uso mecanicista del razonar humano tiene exclusivamente en cuenta el carácter cuantitativo de la realidad. Y como de números todo el mundo entiende, para que uno gane otro tiene que perder.

En 1994 la ERT (European Round Table of Industrialists o Mesa Redonda de los Empresarios Europeos) escribió un texto que saldría publicado en 1995, con el título de (no pierdan detalle que promete): “Educación para los europeos. Hacia la sociedad del aprendizaje.” -…y se hecho el león a dormir tranquilo y seguro de su soberanía, sin percatarse de que aún y sus constantes muestras de ferocidad encaminadas a retraer a cualquier aspirante a la usurpación del trono, un minúsculo adversario entró sin ser visto en la más resguardada se sus guaridas; en su misma sangre. Provocándole en pocas horas la perdida del trono y la muerte -. (Por desgracia no he encontrado la traducción al castellano, os presento el enlace en inglés: http://www.ert.be/doc/0061.pdf, y os pido que si alguno lo halláis en castellano o catalán lo hagáis circular, porque seguro no tiene desperdicio). La estrategia es clara, nos dicen sin miramientos: -Así es cómo deberían de aprender los europeos. Pero, ¿si ellos ganan algo con esto, la cual cosa parece clara pues debe de ser el resultado de un gran estudio de mercado llevado a cabo por la élite de los estadistas europeos con master y doctorados en Harvard, Stanford, Columbia o Yale, quién es quién pierde y qué es lo que pierde?
Ésta pregunta no es tan fácil de responder cuando comparamos algunas sentencias del texto publicado por los empresarios con el discurso moral que nos lanzan quienes respaldan la implantación de la reforma estudiantil conocida como plan de Bolonia. El fundamento de dicha reforma queda enmarcado desde una planificación económica. Esto es algo que no nos debería de sorprender en gran medida, pues visto lo visto por el mundo, es difícil encontrar algún organismo preocupado por algún bien que no conlleve detrás una ganancia económica. Y mucho más si miramos dentro de las organizaciones gubernamentales. Desde la entrada de los Estados en la economía global, un Gobierno no puede dejar de planificar su progreso económico si no quiere ver perder el respaldo de la población. La optimización se eleva cómo el más ejemplar de los métodos. Reducción de costes y máximo beneficio dice en las tablas que los empresarios nos traen del monte Sinaí. Evidentemente un gran grupo de profesionales están esperando entusiasmados la llegada de la nueva ola de recién formados; quienes tendrán gran experiencia práctica y teórica al haber podido dedicarse ocho o diez horas diarias al estudio con un grupo reducido de alumnos que se garantiza con el elevado coste de las matrículas. A todos esos rebaños los habrá formado el Estado, pues en sus universidades aún seguirá apareciendo la palabra “pública”, pero qué se estudia y casi quién estudia lo decidirán (y lo han decidido) las empresas. Por lo tanto no extrañarse si se ofertan cursos de “Semiologia empresarial, el logotipo como representación de la realidad” en la facultad de bellas artes o filosofía, o “El placer en la clase obrera, como contentar al trabajador” como parte de un seminario llamado “Hacia la convivencia cívica”.

Como vemos el capitalismo y las ansias desfiguradas de control nos acechan hoy como nunca. Se están tensando los límites de lo posible; dentro del yo más profundo de cada uno así como en los de los lazos que nos vinculan. Limitar el uso de nuestra razón a su aplicación instrumental y desarrollar nuestro potencial meramente hacia la optimización se traduce en un tiempo por vivir vacío de esperanza. No importa hacia dónde enfoquemos ésta, el caso es que limitarnos a constituir una personalidad dentro del abanico de arquetipos ya no logra producir ni curiosidad. Recuperar los sueños lejanos que cruzan el horizonte es hoy día imposible debido a los avances multimedia. El problema con el sueño es que en cuanto tiene un precio se esfuma. Debe carecer de valor exacto. Hasta se podría decir que es insano calcularlo; pues la esperanza se torna avaricia. Ahí esta el foso, la herida. Envuelto en fríos vientos polares se nos presenta el vértigo a la certeza supuesta. No queremos ser formados por explotadores dentro de un programa diseñado para producir más y mejores expertos en explotación. Ya sabemos que resultará, más de lo mismo. Si bien es totalmente lícito defender tal postura desde su posición, no parece haber un posicionamiento firme en la lucha contraria. Se sabe que es una guerra desarraigada, una guerra angustiosa. Debe ejecutarse mediante el ataque al modo de un virus. Y para ello debemos recuperar la esperanza. Por ahora no tenemos un plan concreto, pero podemos recomendar aprehender mucho por uno mismo y no llevar nunca a un niño pequeño a una de esas tiendas para críos a la ultima tendencia; críos vestidos como Pete Doherty o Kate Moss, Madonna o la última hornada de OT. Por Favor. Si la organización pública no nos quiere ofrecer una formación libre de intenciones mercantilistas, ofrezcámonosla nosotros. Auto eduquémonos. Para la resistencia es necesaria previamente la supervivencia. Recogiendo palabras ajenas: Trabajar para ellos y consumir sus productos es como cagar y comerse la mierda. Sólo pretenden enseñarnos a cagar más y mejor, para que haya más mierda para comer.
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