Leerse

30 06 2008

Hablan algunos autores del espacio del texto, de lo escrito en los silencios de las vacías miradas al horizonte. Hablan de un afuera de la misma escritura que la nutre en cierto modo através del autor. Ese afuera del cual la literatura es heredera, modifica y se modicfica con ella, mostrandose y desapareciendo en el tambalear ondulante de la mirada. Del mismo modo en como un arquitecto observa el conjunto de materiales en que se ha convertido su proyecto. Si mira através de los cristales de uno de los pisos de su edificio, se observa a si mismo sin saber con exactitud los secretos que esconde su propia creación, aún y conocer todos los pormenores de su contrucción. Sólo en verse a uno mismo desde esa distancia que otorga la emancipación de nuestras partes, puede entenderse el consejo a leerse. Leerse a uno mismo es autoconcederse la posibilidad de lo otro, escarvando en ese afuera que subyace de entre los signos. Como una segunda hoja, debajo de la nuestra, en la que un segundo texto trasluce lo suficiente para ser insinuado, pero nunca leído comodamente, entre los espacios que permiten las letras del nuestro. Eso es leerse a uno mismo, pero no ya sólo como lo mismo, sino como lo otro en lo mismo; como algo hundido en nosotros que durante un instante ve la luz. Pero al ser en nosotros donde se ilumina esa luz, debe ser de un afuera de donde proceda esa posibilidad enterrada; que si existe es porque previamente ya habiamos, nosotros mismos, fecundado en ese afuera. El código genético de esa inyunción no violenta, está determinado en el tiempo; y no es soslayable a ningún otro momento histórico de la vida. Ese instante tan sólo se corresponde con el nosotros que lo escribió. Y para que la insinuación se pueda procesar en otro momento, no debe de haber correlación entre esos dos momentos. Son dos puntos al azar en una hoja que se han unido por un pliege al azar, en un divagar elíptico de carácter erótico. Pero esa tensión de la distancia tan sólo puede darse si existe el punto primero; la escritura. Pues el leer es algo mucho más cotidiano. Leemos en todos los lugares.





La Pasión por la Roja.

27 06 2008

El pasado domingo día 22 de junio, la selección española de futbol eliminó a Italia en los cuartos de final de la Eurocopa 2008. Al día siguiente el periodista de el diario “El Mundo” Germán Aranda, publica en la página web de dicho tabloide el artículo titulado: Indiferencia y resignación en Manresa; que se puede consultar en: http://www.elmundo.es/elmundo/2008/06/23/barcelona/1214203828.html. En dicho articulo se tacha a nuestra ciudad de indiferente ante los éxitos de la selección (cosa que no discuto directamente), englobando a todos sus ciudadanos en una niebla sospechosa un tanto acusadora.

España-Italia  22/06/08

El artículo no es muy extenso, dada la poca importancia que en mi opinión debe suscitar en todo el país la opinión de una ciudad pequeña como la nuestra; sin embargo el autor se esmera en aliñar el texto con algunas puntillas de cosecha propia que añaden sustancia para aquellos lectores ávidos de carnaza. En primer lugar delimitar cuál es la tarea del escritor periodístico ante el texto que pretende presentar. En la noticía, se presupone la novedad de un hecho. Se presupone una mirada aguda que aporte luz. Y desde un medio serio, se presupone profesionalidad. Haría bien el periodista en sustentar las afirmaciones que tan a la ligera proclama. ¿En base a qué se asocia Manresa como la cuna del nacionalismo catalán? Es fácil declarar tal improperio si en los lugares dónde se busca ya se había encontrado previamente y no se mira en ningunos otros. Afirmar que en Catalunya existe cierto sentimiento anti-español no es ninguna notícia, así todos somos periodístas. Buscar en L’Havana seguidores de La Roja y acto seguido declarar que en Manresa el sentimineto que despierta la selección es indiferencia, es generalizar; visitar L’Havana y la Taberna dels Predicadors en día de selección (entre ambos deben tener un aforo de 50 personas), y sentir algunos comentarios independentistas, contra el Rey o la bandera y algunas carcajadas; pero no tener en cuenta los otros locales como el de la peña sevillista o el de los “magrebíes”, dónde el mismo autor asegura haber visto decenas de personas viendo atentamente el partido, es adulterar los datos de la investigación.

Al respecto de los hechos debo confesar la poca profesinalidad de un periodista y de el medio que le publica al manipular tales datos con tanta vileza. Seguramente en el doner kebab había el doble de gente que en los dos bares donde el “periodísta” entró. Sin embargo allí no entró, ¿tendría quizás algún problema en preguntar a esas gentes su opinión al respecto? ¿No las considera oportunas para su investigación periodística? Creo creer que también es aquello suelo manresano. Como también pertenecen a Manresa muchos otros lugares (no visitados por German) dónde se vivió el asunto de muy dispar modo. De todos modos el responsable del texto se queda tan ancho identificando toda la población de Manresa con esos tipos barbudos (¿tiene nuestro amigo German algún prblema con las barbas? ¿Acaso no las considera dignas o algo por el estilo?) que tacha de radicales y menosprecia visiblemente. ¿Acaso no son también personas del territorio español, aunque no se sientan identificados, con opiniones respetables y fundamentadas? Si mal no recuerdo, amigo German y gente de El Mundo, hoy día en este país es legítimo pensar lo que se quiera. Yo, que ni defiendo a unos ni a otros, me quedo muy tranquilo diciendo lo que digo; escribo en un lugar dónde mi libertad es absoluta y mi responsabilidad deriva de ella. En un medio de comunicación de abasto estatal, las condiciones son distintas. No todo debería de poderse publicar, sobre todo porque un medio de comunicación otorga la mirada que el individuo no puede alcanzar, y aunque una objetividad total no es alcanzable, debería de ser deseable.

Manresa

Por mucho que nos pese debe de haber un símbolo, el que nos sintamos identificados o no es cosa nuestra. Yo no me siento más identificado con la bandera española que con la de Bielorúsia, ninguna de las dos dice nada de mi excepto si me preguntan cuál de las dos se corresponde mejor con el territorio donde nací y crecí. Del mismo modo que la bandera catalana tan sólo delimita mejor que la española mi lugar de nacimiento y crecimiento. Quizá sea raro, pero esos trozos de tela coloreada no dicen nada sobre mi. Sin embargo, soy un apasionado del fútbol. Lo considero casi un arte. Y en esa relación, me gusta el arte como tal. Pero el futbol no sólo es arte, también es competición. Hay que elegir un bando. Mis prioridades en esa elección son en primer lugar la cercanía con los jugadores, y en segundo lugar la belleza que mis ojos ven en el arte que despliegan. Por fortuna, en esta Eurocopa los dos se unen en la selección española. Y creo que tanto los futbolístas españoles (también por supuesto los catalanes) y el futbol de aquí se merecen ganar el próximo día 29. Lo demás son cuestiones políticas, de influencias, de opiniones todas ellas muy respetables que poco tienen que ver con el fútbol. Pero que sin embargo mucha gente aprovecha como oportunidad para soltar la suya, intentando otorgarse ilegítimamente recompensas por meritos que no le son própios. Dejemos que sean esos chicos los que se lleven todos los méritos, y evidentemente también ese Luís eterno que aún y ser más viejo que la mayoría de abuelos, sigue robusto al pie del cañon. Por lo que respecta a German, le deseo un poquito más de cultura; para no generalizar, que no esta bonito. Y para entender que en la diversidad está la naturaleza de un pueblo como el que nos toca interrogar.

El Sabio

"El Sabio"