Habermas and Derrida: una posible interacción (III). Democracia por venir y Estados canallas.

12 09 2009

3.-Democracia por venir y Estados canallas.

El análisis que hace Habermas al respecto del tema tratado, muestra una vía de vérselas con la actualidad que se nutre en gran parte de la teoría de sistemas. Ello le lleva a desplegar un indice numeral de subsistemas para dar respuesta a ciertos entresijos del nudo. La colonización por parte del subsistema Economía es un ejemplo. Jaques Derrida tiene otra vía de fuga para abordar la cuestión. Presentaremos dos puntos donde solidificar nuestras opiniones, la democracia por venir y la noción de Estado Canalla. El mismo Derrida plantea la cuestión de pensar concienzudamente la relación entre ambas.

La pregunta por la democracia como pregunta primera. Cabe detenerse por el momento aquí. Que Derrida empiece por aquí ya es de por sí sintomático. Es un punto capital irresuelto que otros autores no se plantean, ¿qué significa democracia? Para Derrida esta ligado al movimiento de la rueda: aún no se ha presentado, pero va a venir. Nos llega casi como un legado, una herencia innegable con un sentido oscuro, una misión, una emisión, un alegato. Son tiempos mediados por la espera, como algo que no se deja cristalizar. Si hasta ahora se creía alguien que la democracia estaba inmóvil, era simplemente por el efecto óptico de un movimiento que no ha cesado; igual que no percibimos la rotación de la tierra. Pero la rueda que pone a circular la democracia, si se describe como ipsiedad del pueblo, como poder que se otorga a sí mismo ley, puede perder por el camino la verdad de lo otro; la verdad en raíz de lo democrático, como la negación de una multiplicidad diseminadora. La libertad de la democracia, como facultad decisoria de auto determinarse, posibilita esa apertura de indeterminación en el concepto que marca, para Derrida, tanto el por venir del concepto y el lenguaje democrático, como la belleza de la democracia en su mayor variedad. Sin embargo Derrida avisa, esa belleza en tanto que seducción, induce la provocación; lugar de canallas y bribones. La democracia poseería por definición, por carencia de definición posible, un lugar para lo oscuro como sombra; no es una forma por tanto constitucional entre otras.

El juicio de la situación bajo estos conceptos, lleva a Derrida a definir el ámbito donde lo democrático se torna constitutivo de lo político después de la Ilustración como un secularización ambigua. La noción de libertad en el concepto de democracia pone sobre la mesa la problemática de alternativa democrática como alternancia democrática. El rival democrático puede ser tachado de rival de la democracia. Esto es visible en las tensiones a nivel internacional como la posible elección de una sexta silla fija con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. La cuál cosa nos pone de pies en el segundo tema que nos gustaría presentar: el de los Estados Canallas.

En la página 103 de su “Canallas”, Derrida da una definición precisa de comportamiento canalla: “en un Estado, no respetar las reglas prescriptivas del derecho internacional, las reglas predominantes y la fuerza de ley de la deontología internacional, tal y como al menos, teniendo en cuenta sus propios intereses las interpretan los Estados supuestamente legítimos y respetuosos de las leyes, es decir, aquellos que, disponiendo de la mayor fuerza, están dispuestos a llamar a los Estados canallas al orden o a hacerlos entrar en razón, si fuera necesario recurriendo a una intervención armada punitiva o preventiva”. Este fragmento ya deja entrever las conclusiones que con su “(No) más Estados Canallas” Derrida propondrá más adelante. Vayamos por pasos pues. Derrida presenta la situación actual como el momento en que unos Estados acusan a otros Estados de ser unos Estados Canallas. Es importante descifrar la relación entre esa democracia por venir y la situación presente.

La situación actual muestra como engañosa la apariencia de una democratización universal, trans-estatal, basada en la igualdad y libertad de los Estados sujetos soberanos; ahí radica el por venir de la cuestión. Derrida recuerda que Kant en “Hacia la paz perpetua” presenta una República mundial, la cual cosa no es una democracia. Una alianza de los pueblos no podría convertirse en un Estado de los pueblos ni fundirse en un solo Estado, lo que equivaldría a tener un solo soberano. Las condiciones de posibilidad o imposibilidad en el porvenir de una democracia en las relaciones, el derecho y las instituciones intra y trans-estatales; es el lugar del que hay que hablar. A este lugar Derrida le tacha el calificativo de necesariamente utópico, con lo cuál de entrada tendría oportunidad de algún alcance la expresión “democracia por venir”. El símil que encuentra Derrida a ésta oportunidad asemejan el concepto a una khora de lo político, como la herencia de una promesa.


Esa misma posibilidad o imposibilidad no deja Derrida emparentarla con el concepto de Idea reguladora kantiana. Al respecto Derrida contrapone ciertas reticencias como la figura de lo im-posible bajo el acontecimiento imprevisible de lo otro. Lo mismo que la differance irreductible y no reapropiable de lo otro. Así mismo como la responsabilidad de lo que queda por decir o por hacer (en acto)no puede consistir en seguir o aplicar una norma o regla. Tales reticencias no dejarían a la democracia por venir solidificar en Idea reguladora; quedaría inmiscuida entonces en una crítica militante y sin fin. En su forma siempre aporética: fuerza sin fuerza, singularidad incalculable e igualdad calculable, conmensurabilidad e inconmensurabilidad. Más allá de toda onto-teo-teleología. Para Derrida esto implica otro pensamiento del acontecimiento, donde un Estado-nación civilizado no debería ni podría limitar ninguna hospitalidad condicional (El tema de la verdadera Hospitalidad como el casi dejarse preguntar por el huésped antes de preguntar nosotros, queda inmiscuido en la problemática de la democracia por venir bajo la forma de una necesaria Política de la Hospitalidad). El despliegue de la cuestión nos lleva a suponer una extensión de lo democrático más allá de la soberanía del Estado-nación, como un espacio jurídico-político internacional que no dejase de inventar (la fundamentación del uso imaginativo la lleva a cabo Derrida en “Canallas”, página 111), nuevas particiones y divisibilidades de la soberanía. En esta dirección sitúa Derrida su “Espectros de Marx”, este es su leitmotiv. La política de la Hospitalidad expandida hasta la hospitalidad hacia el fantasma, en el mismo sentido que el concepto soberanía contradice la Declaración de los Derechos Humanos como política trans-nacional. La sombra del fantasma, o incluso una posible razón dialógica con el fantasma, otorgarle unos derechos humanos, supone la suspensión de la soberanía. En la dirección de la critica a la soberanía estética. Al sobreponer la soberanía a la autonomía del arte, se desprecia en el contexto adorniano el hecho social. En democracia eso vendría a significar el canallismo de los Estados, al situarse sobre, y negar la posibilidad a la emergencia; como negación de la hospitalidad hacia el fantasma.

Hemos pensado la democracia por venir dentro del contexto de la definición de Estado Canalla que se dio al empezar la discusión. En ella ya vislumbramos una sombra que apunta a los mismos acusadores. La cuestión de la posibilidad de una democracia por venir de orden universal pasa por, después de pensar su relación con la situación actual, bajar al orden real de acción. Ello hace a Derrida apuntar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ya que la Asamblea de las Naciones Unidas no dispone de fuerza ejecutiva ni jurídica, todo el peso del poder cae en el Consejo de Seguridad. Para Derrida toda la suerte de toda democracia por venir en el orden mundial, depende de aquello en lo que se convierta esa extraña institución. Sobretodo en virtud del artículo 51.1 de la Carta de las Naciones Unidas, la cuál otorga posibilidad por parte de un Estado atacado de defenderse atacando hasta que el Consejo de Seguridad tome una decisión. Con ello encontramos espacio para la razón del más fuerte en dicha Carta. Sobretodo después del 11-S. En esa razón se esconde la soberanía (en tanto que parodiando a Schmitt, Derrida sentencia: la excepción es siempre la que determina la soberanía) como abuso de poder, constitutivo de la soberanía misma. Pero a su vez esa soberanía traiciona la democracia universal, aunque esa democracia necesite de una super-soberanía como forma soberana de las soberanías.

Por todo esto Derrida concluye que los Estados en situación de hacer la guerra a los rogue States son ellos mismos, en su más legitima soberanía, unos rogue States en su abuso de poder. A su vez la noción de “(no) más estados canallas”, recoge un segundo giro al declarar al terrorismo como no asociable a uno o varios Estados canallas. Con lo cual, por un lado hay más Estados canalla, Estados Unidos; pero por otro, no hay más Estados canalla en tanto el terrorismo global anula, suprime o transgrede la mera noción de frontera.





Habermas and Derrida: una posible interacción (II). Proyecto cosmopolita

12 09 2009

2.-Proyecto cosmopolita

Occidente se ha escindido; cabe esperar,… la guardia, y la retaguardia, que la rueda vuelva a girar. Nos encontramos en el momento de este trabajo en ese periodo de baja latencia, de auguración y prognosis. Si Occidente ha sido escindido, gran parte de la culpa se le achaca a la política exterior del último gobierno de Estados Unidos antes del nuevo giro; que esperamos. Habermas considera la doble moralidad que ha defendido EE.UU. durante el gobierno Bush como peso que ha debilitado y mucho el proyecto común encabezado por la ONU, y que no cree capaz de verse prosperar sin el apoyo del gigante americano. La Guerra de Iraq y la oposición a la creación del Tribunal Penal Internacional por parte de EE. UU., pone en serio peligro la creación de un Derecho Internacional que sea capaz de frenar los aires de grandeza de las superpotencias. Habermas rompe con la concepción clásica del Derecho Internacional, que puede resumirse en tres puntos básicos: el primero es reconocer a los Estados como sujetos del Derecho Internacional entendiendo por Estado soberano aquél que tenga el monopolio de la violencia y controle la situación social y territorial dentro de sus fronteras; el segundo, la soberanía del Estado se basa en el reconocimiento internacional; el tercero declara que un Estado soberano puede firmar la paz o declarar la guerra con otros Estados, pero no puede intervenir en los asuntos de otro Estado. Ante tales presupuestos Habermas presenta al los individuos como sujetos reales del Derecho Internacional y no está dispuesto a aceptar la guerra como medio de resolución de conflictos.

En éste nivel el Derecho Internacional clásico plantea una subordinación del derecho al poder que Habermas tampoco acepta, y al igual que Kant tampoco está dispuesto a defender un equilibrio entre ambos; pero a diferencia de Kant, Habermas no propone la creación de un Estado Internacional. La creación de dicho Estado serviría rápidamente para eliminar las diferencias identitarias de cada civilización, llevando al orden cosmopolita a una barbarie que al mundo contemporáneo de algo le sonará. Por su parte Habermas señala la falta de un poder supranacional articulado sobre un nuevo Derecho Internacional y al cual le debe su servicio. Hoy día podríamos identificar ese poder con la actuación del Consejo de Seguridad de la ONU y el Tribunal Penal Internacional; Consejo, al que volveremos (otra vez la rueda detrás) más adelante. Pero de momento nos detendremos en la ONU y su Carta Fundacional, en la que Habermas ve tres novedades significativas con respecto al Derecho Internacional que promulgaba la Sociedad de Naciones: 1) la asociación de Estados a nivel internacional se basa en la garantía de los Derechos Humanos. 2) Prohibición del uso de la fuerza (regulación de la guerra mediante una constitucionalización más allá de los Estados). 3) Inclusividad de la ONU y universalidad de lo que en ella se aprueba. Habermas se sabe no experto en esas materias, pero califica de sumamente controvertida la calificación de Constitución a la Carta de las Naciones Unidas, sin embargo considera de importantes las tres novedades citas en cuanto permiten ciertas acciones que respaldan su suelo teórico. En primer lugar, la Comisión de Derechos Humanos tiene la potestad de ejercer influencia diplomática sobre los gobiernos. Cabe recordar en este punto cuanto tardó España en ingresar en la ONU. La cuestión práctica del asunto es que los individuos se ven caracterizados como sujetos verdaderos del Derecho Internacional, lo cual supone una novedad. Y en segundo lugar, el Consejo de Seguridad puede disponer él mismo las medidas militares que considere necesarias.

Sede Naciones Unidas

Sede Naciones Unidas

Estos presupuestos fundacionales de la ONU suponen una reinterpretación del universalismo kantiano en clave cosmopolita, pero bajo ciertos puntos diferenciales de orden habermasiano que esquivan la creación de un Estado Internacional y la problemática que ello conlleva, pero que mantiene al poder como quién está al servicio del derecho. Sin embargo, la ONU presenta ciertos puntos difusos como el caso Taiwan o República de China y su vacío de estatus político. Al respecto el 19 de Julio de 2007, el presidente de la república de China o Taiwan le entregó al secretario general de la ONU una solicitud para ser miembro que fue devuelta; en gran medida por el peso del gigante asiático China, quién es totalmente reacio al reconocimiento de Taiwan Y habría que ver como reaccionaría la ONU ante un conflicto en la zona dado el enorme crecimiento económico de China. Esta cuestión nos hace volver al Consejo de Seguridad y su organización. Las tensiones ante la demanda de sillas permanentes con derecho a veto, hace resaltar de manera alarmante las verdaderas estrategias de los diferentes gobiernos, y las propuestas de Japón, la India, Brasil o Alemania hacen saltar ampollas en algunos asientos y deja al descubierto algunas deficiencias de la ONU como las económicas o el uso y número de tropas a su disposición. Lo que aquí se está dando es la interacción en los términos descritos entre el subsistema económico y el derecho. Si Habermas había conseguido unir en su discurso teórico sobre derecho internacional el mundo de los sistemas y el mundo de la vida defendiendo al individuo como sujeto de tal derecho, y al negar el uso de la fuerza; ahora se observa como el subsistema económico engulle a los otros sistemas reguladores y parece ser un de los grandes corrosionadores de la credibilidad pública en dichos espacios.

Parece que todo el mundo está expectante por ver el comportamiento que va a tener Obama al mando de la gran superpotencia, en especial cuando se le acusa a ella de romper con el Derecho Internacional y escindir occidente. El liberalismo hegemónico que ha seguido Estados Unidos durante los últimos ocho años puede ser reconducido hacía un reencuentro con el derecho internacional, para el cual Europa debe estar preparada según piensan Habermas y Derrida en su artículo común. Si como dicen, avanzar no significa excluir en el despliegue de este proyecto, esto significa a su vez pensar e integrar al otro gran enemigo del derecho internacional, el terrorismo; y en especial el terrorismo suicida. En este acto de guerra se da una jerarquía que a occidente le cuesta de pensar, pero que Derrida ya teorizó.





Habermas con Derrida: una posible interacción. (I)

12 09 2009

Habermas and Derrida: una posible interacción

Interacción como gesto comporta dos movimientos solapados. Por un lado el acercamiento a lo otro y por otro lado, acoplamiento a las protuberancias o huecos que la alteridad pueda presentar. Se trata de un desplazamiento elíptico complementado hacía el interior, donde se produce el punto de juntura. Interacción, interactuar, como un desdoblarse de lo uno para con lo otro; ya que nunca en la cópula puede darse el abrazo por el pecho y la espalda simultáneamente. Y como el abrazo, interacción es abrazar y dejar ser abrazado. La perspectiva global del curso me conduce a ese foco en su justa medida: como centro desde el cual rotar y como luz que dirige la mirada. Y varios despieces de ese molde focal me permiten, en la medida de mi voz y letra, desarrollar juegos entre esos dos nombres que vienen rotando y retornando, a la vez que dibujan el marco de despliegue. Jaques Derrida y Jürgen Habermas representan dos ejes destacados del panorama intelectual contemporáneo todo y no compartir una similitud teórica ni académica. Uno de los principales leitmotivs de este texto es el de hacer entrar en interacción a estos dos pensadores desde el plano político. Exactamente desde la comparación de peso político en el posicionamiento de sus trabajos, y desde una revisión de la posibilidad de implicación política que ambos planteamientos presentan.

J. Derrida

J. Derrida

El 4 de Junio de 2003 “El País” hacía público en España un texto que firmaban conjuntamente Habermas y Derrida. Ahí surge para nosotros un primer momento de interacción de destacada significación. El rotativo (siempre la rueda por detrás) informa que la redacción del texto corresponde a Habermas, fue publicado por Frankfurter Allgemeine Zeitung y Libération, y a petición de Derrida apareció firmado por ambos. Quizá sea raro pensar un texto de Derrida sin que Derrida imprima ninguna letra, pero para los fines aquí propuestos muestra un movimiento concreto de interacción: en esta ocasión una de la partes se funde, se acopla, se solapa a la otra. Derrida no sólo acepta entonces las premisas que sugiere en el texto Habermas, sino que acepta también las letras con las que las promulgue; acepta su letra. En la letra, en sus letras, Habermas presenta algunas propuestas de cara a fundar cierto derecho a escala postnacional en el ámbito de Europa. Una aceptación de diferencias que permita a un bloque heterogéneo planear una estrategia de comunicación con el exterior común. Esto coloca la cuestión en la problemática de tejer cierta identidad común que proyecte un futuro transitable conjuntamente. Entendido en términos de la tradición habermasiana, la separación entre moral y derecho que sirve como clave para explicar la separación en sociedades modernas entre sistemas y mundo de la vida, re coloca, o mejor disloca la cuestión en doble: Por un lado la parte sistemática, el derecho que permitiría formular un derecho internacional y postnacional; y por otro pensar una moral común a los individuos de ese proyecto transfronterizo que mucho tendrá que ver con nuestra historia y aquello que en ella nos especifica. Aunque seccionando fino, ambas cuestiones tienen una asociación afín; un salto de casilla hasta el derecho postnacional estricto permitiría cierta carga asociativa moralmente entre aquellos individuos que englobe, cabría pensar cierto grado de comunión al aceptarse una constitución europea aunque a la postre no parece haber sido ese el desenlace. Otra posible salida sería imaginar un corporativismo del Estado, en tanto que empresa publica, destinado a competir con el capital privado en el ámbito europeo; donde la constitución postnacional sirviera de marco legal. ¿Sería posible quitarle el peso simbólico al patriotismo y pensarlo (no ya sentirlo) como empresa propia? Ciertamente en estos casos podría establecerse un nexo de vecindad entre aquellos que se unan al juego, pero dudo que sea lo suficientemente fuerte como para formar una nueva identidad que logre romper con el pasado de Europa.

J. Habermas

J. Habermas

La cuestión será ver cómo Habermas plantea teóricamente algunos puntos al respecto en esa dualidad entre derecho y moral e intentar ver hasta que punto uno devora al otro. Pero si se pretende como se dijo la interacción con Derrida, ésta aparece en un nexo, un pliegue del plano teórico habermasiano que tiene que ver con los conceptos de postnacionalidad y Europa. Como digo, el pliegue, la unión o la interacción hace que aparezcan ciertas familiaridades o asociaciones afines entre un proyecto postnacional en Europa y las ideas de hospitalidad y democracia. De hecho el planteamiento que utilizaré de Derrida posibilita cierta similitud entre democracia y hospitalidad, cierta hospitalidad a la(s) democracia(s) por venir ya intrínseca en la democracia por venir. También es ciertamente problemático cerrar Europa y su pasado en las fronteras europeas; Europa y América, Europa y África, Europa y Asia, Europa y Oceanía. Entre ellos existen experiencias comunes muy fuertes, dolorosas, estrechas y significativas como para no tenerlas en cuenta, y me parece muy productivo pensar una hospitalidad hacía una América, África o Asia democrática que juzgue a Europa y su democracia. Y entiendo en este punto a una Europa postnacional, no una España, una Francia, o una Inglaterra colonizadoras o imperialistas. Porque además de lo que Habermas y Derrida aceptan en su texto común ya citado, quizás la desorientación no sea el único punto desde donde puede nacer una idea común de Europa; también podría nacer de una denuncia común entre algunos otros continentes por sus actos pasados, recuerdo: los de una Europa en su conjunto, que seguramente haría cambiar y mucho su política exterior (si es que es tan fácil trazar una barrera entre Europa y su exterioridad).