Habermas and Derrida: una posible interacción
Interacción como gesto comporta dos movimientos solapados. Por un lado el acercamiento a lo otro y por otro lado, acoplamiento a las protuberancias o huecos que la alteridad pueda presentar. Se trata de un desplazamiento elíptico complementado hacía el interior, donde se produce el punto de juntura. Interacción, interactuar, como un desdoblarse de lo uno para con lo otro; ya que nunca en la cópula puede darse el abrazo por el pecho y la espalda simultáneamente. Y como el abrazo, interacción es abrazar y dejar ser abrazado. La perspectiva global del curso me conduce a ese foco en su justa medida: como centro desde el cual rotar y como luz que dirige la mirada. Y varios despieces de ese molde focal me permiten, en la medida de mi voz y letra, desarrollar juegos entre esos dos nombres que vienen rotando y retornando, a la vez que dibujan el marco de despliegue. Jaques Derrida y Jürgen Habermas representan dos ejes destacados del panorama intelectual contemporáneo todo y no compartir una similitud teórica ni académica. Uno de los principales leitmotivs de este texto es el de hacer entrar en interacción a estos dos pensadores desde el plano político. Exactamente desde la comparación de peso político en el posicionamiento de sus trabajos, y desde una revisión de la posibilidad de implicación política que ambos planteamientos presentan.

J. Derrida
El 4 de Junio de 2003 “El País” hacía público en España un texto que firmaban conjuntamente Habermas y Derrida. Ahí surge para nosotros un primer momento de interacción de destacada significación. El rotativo (siempre la rueda por detrás) informa que la redacción del texto corresponde a Habermas, fue publicado por Frankfurter Allgemeine Zeitung y Libération, y a petición de Derrida apareció firmado por ambos. Quizá sea raro pensar un texto de Derrida sin que Derrida imprima ninguna letra, pero para los fines aquí propuestos muestra un movimiento concreto de interacción: en esta ocasión una de la partes se funde, se acopla, se solapa a la otra. Derrida no sólo acepta entonces las premisas que sugiere en el texto Habermas, sino que acepta también las letras con las que las promulgue; acepta su letra. En la letra, en sus letras, Habermas presenta algunas propuestas de cara a fundar cierto derecho a escala postnacional en el ámbito de Europa. Una aceptación de diferencias que permita a un bloque heterogéneo planear una estrategia de comunicación con el exterior común. Esto coloca la cuestión en la problemática de tejer cierta identidad común que proyecte un futuro transitable conjuntamente. Entendido en términos de la tradición habermasiana, la separación entre moral y derecho que sirve como clave para explicar la separación en sociedades modernas entre sistemas y mundo de la vida, re coloca, o mejor disloca la cuestión en doble: Por un lado la parte sistemática, el derecho que permitiría formular un derecho internacional y postnacional; y por otro pensar una moral común a los individuos de ese proyecto transfronterizo que mucho tendrá que ver con nuestra historia y aquello que en ella nos especifica. Aunque seccionando fino, ambas cuestiones tienen una asociación afín; un salto de casilla hasta el derecho postnacional estricto permitiría cierta carga asociativa moralmente entre aquellos individuos que englobe, cabría pensar cierto grado de comunión al aceptarse una constitución europea aunque a la postre no parece haber sido ese el desenlace. Otra posible salida sería imaginar un corporativismo del Estado, en tanto que empresa publica, destinado a competir con el capital privado en el ámbito europeo; donde la constitución postnacional sirviera de marco legal. ¿Sería posible quitarle el peso simbólico al patriotismo y pensarlo (no ya sentirlo) como empresa propia? Ciertamente en estos casos podría establecerse un nexo de vecindad entre aquellos que se unan al juego, pero dudo que sea lo suficientemente fuerte como para formar una nueva identidad que logre romper con el pasado de Europa.

J. Habermas
La cuestión será ver cómo Habermas plantea teóricamente algunos puntos al respecto en esa dualidad entre derecho y moral e intentar ver hasta que punto uno devora al otro. Pero si se pretende como se dijo la interacción con Derrida, ésta aparece en un nexo, un pliegue del plano teórico habermasiano que tiene que ver con los conceptos de postnacionalidad y Europa. Como digo, el pliegue, la unión o la interacción hace que aparezcan ciertas familiaridades o asociaciones afines entre un proyecto postnacional en Europa y las ideas de hospitalidad y democracia. De hecho el planteamiento que utilizaré de Derrida posibilita cierta similitud entre democracia y hospitalidad, cierta hospitalidad a la(s) democracia(s) por venir ya intrínseca en la democracia por venir. También es ciertamente problemático cerrar Europa y su pasado en las fronteras europeas; Europa y América, Europa y África, Europa y Asia, Europa y Oceanía. Entre ellos existen experiencias comunes muy fuertes, dolorosas, estrechas y significativas como para no tenerlas en cuenta, y me parece muy productivo pensar una hospitalidad hacía una América, África o Asia democrática que juzgue a Europa y su democracia. Y entiendo en este punto a una Europa postnacional, no una España, una Francia, o una Inglaterra colonizadoras o imperialistas. Porque además de lo que Habermas y Derrida aceptan en su texto común ya citado, quizás la desorientación no sea el único punto desde donde puede nacer una idea común de Europa; también podría nacer de una denuncia común entre algunos otros continentes por sus actos pasados, recuerdo: los de una Europa en su conjunto, que seguramente haría cambiar y mucho su política exterior (si es que es tan fácil trazar una barrera entre Europa y su exterioridad).
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