La cuarta película de Michel Gondry, el genial videoclipero, confirma al realizador francés como una de las almas a tener en cuenta en este principio de siglo.
Su debut en 2001 con Human Nature ya dejó entrever su poca convencionalidad. La explosión que supuso Olvídate de mí, con dos estrellas de primer nivel como Jim Carrey y Kate Winslet al frente, confirmó el poder del freakismo y el arte imaginativo; visualmente brutal y con mensaje, no dejó indiferente a nadie. Le siguió La Ciencia del Sueño, con Gael García Bernal, un proyecto mucho más personal (las escenas de interiores se rordaron en un piso suyo en París) y cercano. Apostando decididamente por un mundo irreal (por cómo debería o podría ser y lamentablemente no es ni en una pequeña porción) y parabolizante, mostró el camino a seguir por el film que aquí nos ocupa, un camino que pasaba por la risa como principal reclamo.
Es evidente que, partiendo de semejantes premisas, establecer trasfondos lógicos es lo que menos importa. Be kind, rewind, es, ante todo, un divertimento. Un vehículo lujoso para su protagonista, un Jack Black desmedido o desmelenado (según se mire), pero en estado puro. Y eso es siempre sinónimo de carcajada. Mos Def es su inocentón compañero de fatigas, mientras que Danny Glover dibuja un entrañable viejo propietario de un videoclub de VHS, ya de por sí toda una declaración, de vuelta a una pureza anterior, casi legendaria; como la “corrupción” del vertiginoso mundo digital actual, incluída la problemática de los derechos de autor (cameo de Sigourney Weaver al respecto) y el choque de estos dos mundos. Mia Farrow aparece como siempre imaginé que era, sin sangre en las venas y más descolorida que un vaso de horchata.
Gondry convierte una esquina de la gran ciudad en un recóndito paraje repleto de personajes, a cual más variopinto, donde todo lo que acontece parece sacado de la enajenación de Espinete. Para salvar el edificio en ruinas del viejo, a estos dos cracks no se les ocurre otra que “rodar” éxitos de Hollywwod; o volver a rodarlas mejor dicho, en plan cutre-salchichero. “Suecar” films míticos (el término “sweded”, como “hecha sueca” para resaltar que es de calidad, difícil de traducir). Las cintas de la tienda se han borrado (por efecto de una delirante escena del principio de Jack Black), así que no les queda otra. Alguien podría preguntarse si no habría otras opciones, pero con estos freaks (incluyendo al director) lo normal no tiene cabida.
En la superficie, no será una de las pelis del año. Pero bajo tierra lo tenemos claro, pese a la casi nula distribución (escasísima, teniendo en cuenta que la produce la filial de una gran compañía);
Be kind, rewind, una rareza hoy en día, se alza majestuosa como un profuso homenaje al séptimo arte (sobretodo el más popular o comercial, vean la adorable versión que “ruedan” de Los Cazafantasmas o Robocop) y a los sentidos. No era difícil ver las sonrientes caras de la gente al salir de la sala, y eso ya es mucho.
Para amantes de lo poco convencional y mágico (¿no era eso el cine?).



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