Rebobine, por favor

15 05 2008

La cuarta película de Michel Gondry, el genial videoclipero, confirma al realizador francés como una de las almas a tener en cuenta en este principio de siglo.

Su debut en 2001 con Human Nature ya dejó entrever su poca convencionalidad. La explosión que supuso Olvídate de mí, con dos estrellas de primer nivel como Jim Carrey y Kate Winslet al frente, confirmó el poder del freakismo y el arte imaginativo; visualmente brutal y con mensaje, no dejó indiferente a nadie. Le siguió La Ciencia del Sueño, con Gael García Bernal, un proyecto mucho más personal (las escenas de interiores se rordaron en un piso suyo en París) y cercano. Apostando decididamente por un mundo irreal (por cómo debería o podría ser y lamentablemente no es ni en una pequeña porción) y parabolizante, mostró el camino a seguir por el film que aquí nos ocupa, un camino que pasaba por la risa como principal reclamo. 

Es evidente que, partiendo de semejantes premisas, establecer trasfondos lógicos es lo que menos importa. Be kind, rewind, es, ante todo, un divertimento. Un vehículo lujoso para su protagonista, un Jack Black desmedido o desmelenado (según se mire), pero en estado puro. Y eso es siempre sinónimo de carcajada. Mos Def es su inocentón compañero de fatigas, mientras que Danny Glover dibuja un entrañable viejo propietario de un videoclub de VHS, ya de por sí toda una declaración, de vuelta a una pureza anterior, casi legendaria; como la “corrupción” del vertiginoso mundo digital actual, incluída la problemática de los derechos de autor (cameo de Sigourney Weaver al respecto) y el choque de estos dos mundos. Mia Farrow aparece como siempre imaginé que era, sin sangre en las venas y más descolorida que un vaso de horchata.


Gondry convierte una esquina de la gran ciudad en un recóndito paraje repleto de personajes, a cual más variopinto, donde todo lo que acontece parece sacado de la enajenación de Espinete. Para salvar el edificio en ruinas del viejo, a estos dos cracks no se les ocurre otra que “rodar” éxitos de Hollywwod; o volver a rodarlas mejor dicho, en plan cutre-salchichero. “Suecar” films míticos (el término “sweded”, como “hecha sueca” para resaltar que es de calidad, difícil de traducir). Las cintas de la tienda se han borrado (por efecto de una delirante escena del principio de Jack Black), así que no les queda otra. Alguien podría preguntarse si no habría otras opciones, pero con estos freaks (incluyendo al director) lo normal no tiene cabida.

En la superficie, no será una de las pelis del año. Pero bajo tierra lo tenemos claro, pese a la casi nula distribución (escasísima, teniendo en cuenta que la produce la filial de una gran compañía);

Be kind, rewind, una rareza hoy en día, se alza majestuosa como un profuso homenaje al séptimo arte (sobretodo el más popular o comercial, vean la adorable versión que “ruedan” de Los Cazafantasmas o Robocop) y a los sentidos. No era difícil ver las sonrientes caras de la gente al salir de la sala, y eso ya es mucho.

Para amantes de lo poco convencional y mágico (¿no era eso el cine?).





NO COUNTRY FOR OLD MEN

6 03 2008

La película que destacamos en esta edición es el último proyecto de los hermanos Coen, lo cual suele ser sinónimo de calidad o, como mínimo, de buen hacer;

pese a que sus 2 últimas películas (Crueldad Intolerable, The Ladykillers) eran más bien flojas, en esta podemos afirmar que han recuperado todo su vigor, enterrando cualquier posibilidad de “vendida” o pérdida de fuelle a lo Scorsese.

Aquí en España se le ha dado una atención especial por el hecho de que uno de sus protagonistas es Javier Bardem, el mejor actor patrio, que se está labrando una carrera inmejorable, anteponiendo la calidad a la cantidad (cosa difícil si empiezas a hacer films en Hollywood) y con un talento fuera de lo común (superando limitaciones físicas como su cara de bruto); en este film, su psicopático personaje, Anton Chigurh, transgrede la pantalla -se come la cámara- agrediendo al espectador más profano, que asiste convulso a una demostración antológica de fuerza y brío. Por eso y porque debe saber moverse bien en los círculos hollywoodienses le han premiado con el Oscar al Mejor Actor de Reparto en la edición de este año.

Volviendo a la película, en lo que respecta a los actores, el gran viejo y siempre sobrio Tommy Lee Jones, junto al sorprendente Josh Brolin (¡era el adolescente de la cinta en el pelo de Los Goonies!), completan un muy buen cast. En una película prácticamente sin música, llena de silencios y de sonidos ambiente, vemos que el trabajo actoral adquiere un peso destacado (a riesgo de un desarrollo lento de la trama). Junto al paisaje texano típicamente americano, un personaje más como se suele decir, la sensación de que en esos valles inmensos y carreteras interestatales eternas puede suceder cualquier cosa, casi siempre mala. En este sentido uno no puede dejar de pensar en Fargo -su premiada película de 1996- ya que en este film los autores consiguieron trasladarnos esta misma sensación: una América profunda dejada de la mano de Dios.

 

 

 

 

 

Pese a que ha conseguido varios premios (entre ellos los Oscar al Mejor Guión, la Mejor Película y al Mejor Director), ésta no es la mejor película de los hermanos; más bien se debe a la sensación de deuda que la Academia de las Artes Americana tenía con estos grandes creadores, un poco al estilo de lo que sucedió el año pasado con Scorsese (parece mentira que consiguiera la estatuílla por Infiltrados echando un vistazo a su filmografía anterior).

Ya para acabar, decir que se trata de un buen producto, que bebe de las fuentes clásicas (esa narración lenta pero bien ordenada, clara para el espectador) y además tiene sentido, lo cual ya es mucho para los tiempos que corren. Responde a una adaptación literaria de la novela homónima de Corman McCarthy. “Adaptación significa cortar y más cortar”, decían los cineastas. Pero en este caso no se pierde la esencia y más bien se complementan ambos productos, como ya hiciera Quentin Tarantino en Jackie Brown con Elmore Leonard, y ahí radica su triunfo, como si uno estuviera en el mundo ahí para el otro, permitiéndose explorar territorios no visitados antes por ninguno de los dos.

En resumen, una de las películas del año que no hay que perderse; garantizo que no se dormirán y que disfrutarán como nunca de uno de los nuestros, Javier Bardem, en una actuación memorable.